Modelo de Vytrus Biotech (Google Sheets)
Primer modelo del año: su situación actual y cómo operaremos.
Antes que nada, espero que este 2026 sea fantástico para todos/as. Sobre todo, en salud, familia y amigos :)
2025 fue muy prolífico en cuanto a inversión y, en este 2026, como ya adelanté, me gustaría ordenar y proveer de muchas más herramientas.
Así, comenzamos el año adjuntando el modelo de Vytrus al documento universal. Recuerden que este documento dispondrá de todo lo necesario para seguir el Substack y pueden descargarlo desde esta publicación.
Una vez en ese documento, y en la pestaña “Retornos 10Bagger”, podrán acceder desde ya, y en la fila dedicada a Vytrus, a este primer modelo que justifica los retornos estimados que esperamos para la compañía.
Además, y en conjunción a esta publicación de hoy, entenderemos por qué la actual “corrección” podría ser o no una oportunidad realista.
Desafíos para valorar Vytrus
Vytrus es una microcap de apenas 60 millones de euros de capitalización bursátil. Un tamaño reducido, sí, pero con una ambición que, si se materializa, deja un margen de maniobra considerable para generar valor a largo plazo. Recuerda que tienes la tesis disponible en este Substack dividida en dos partes.
Precisamente por esa escalabilidad, el proyecto tiende a dividirse en fases muy marcadas: períodos de inversión intensiva seguidos de fases de “recogida de frutos”. Los últimos ejercicios han pertenecido a esta segunda categoría, con tasas de crecimiento que rozan el 70%.
Sin embargo, esa etapa está empezando a dar paso a un nuevo ciclo de expansión. Ante la posibilidad real de incorporar clientes capaces de agotar el stock actual por sí solos, Vytrus ha dado luz verde a un plan de inversión de 2,5 millones de euros entre 2025 y 2026. Una cifra relevante que multiplica por casi 10 veces el capex ejecutado en los dos últimos ejercicios.
Y aquí conviene matizar algo importante: el capex que publica la compañía es cierto contablemente, pero poco representativo desde un punto de vista real.
Vytrus puede fabricar, como hizo en el último año, una instalación valorada en más de dos millones de euros, y reflejarlo como inversión puntual. El problema es que en los ejercicios posteriores, sin un proyecto de esa magnitud, el capex “desaparece” contablemente. Y sin embargo, la inversión real, la que permite escalar ventas futuras, sigue ejecutándose a través de otra vía: la activación del gasto en I+D.
Por eso, al estimar un capex normalizado, prefiero usar referencias más estables como la amortización (D&A) o la partida de “trabajos realizados por la empresa para su inmovilizado”, que recoge el grueso de los desarrollos científicos que luego se amortizan año tras año.
Este ajuste, aunque conservador, permite acercarnos a un FCF más fiel a la realidad operativa, y muy diferente al que aparece en algunas plataformas o incluso en los materiales corporativos de la propia compañía.
Este sesgo también afecta a las métricas más visibles: EBITDA y beneficio neto están inflados artificialmente al no reflejar el gasto en I+D activado.
Y es que aunque como defendí en la tesis, la compañía está en una situación perfecta para justificar estas “anomalías” contables por los altos retornos que genera por cada inversión interna en nuevos productos, lo cierto es que de cara a un modelo “escrito”, el no tener en cuenta este efecto genera un riesgo de proyección de rentabilidad estructural mayor de la que es realmente sostenible.
Estos hechos, junto a la eliminación de ingresos contables que considero “no operativos”, o a una normalización de tasas que en el pasado han sido negativas (han inflado el beneficio neto), hacen del modelo una aproximación mucho más conservadora, pero creo que realista, que la que podrás encontrar en otras fuentes.





