Esta tesis parte de una de las situaciones que más me gustan como inversor: aquella en la que el mercado mira una compañía, la cataloga rápidamente con una etiqueta cómoda y, al hacerlo, se ahorra el trabajo de entender en qué se está convirtiendo y qué activos posee. Cuando esa distancia entre la etiqueta y la realidad es lo bastante grande, la realidad mejora año tras año y la directiva es buena, aparece la oportunidad.
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